LECTURAS
(elo.087)
A partir de dos artículos sobre el futuro del ecologismo
Joaquim Sempere y Ernest García
Mientras tantos, 100
La amenaza que representa el calentamiento global, ha pasado en pocos meses, de ser una preocupación exclusiva de grupos marginales, a convertirse, en un tema central en las agendas de los gobiernos de todos los países desarrollados. Ahora, de pronto, el medio ambiente, debido al interés que despierta en la ciudadanía su imparable deterioro, por fin, se ha convertido en una cuestión central, que es utilizada como gancho electoral por todos los partidos políticos, los mismos que hasta hace poco tiempo, despreciaban y apartaban de sus prioridades tales cuestiones. Pero ¿cómo ha sido posible tal cambio? Todo, y ahora estoy convencido de ello, se ha debido, aunque parezca mentira, a una campaña publicitaria de gran calado, que se ha desarrollado desde diferentes ángulos, cuyo objetivo, ha consistido en intentar mostrar a la opinión pública, los peligros evidentes, a los que tendrá que enfrentarse la humanidad en los próximos años, si no toma medidas eficaces y contundentes contra los quebrantos, a los que de forma sistemática, está siendo sometido el planeta. A partir de esta campaña, que no se sabe por quien ha sido dirigida, todo el mundo con algo que decir sobre el tema, parece que se ha dedicado a mover ficha, dando la sensación, que se ha levantado cierto optimismo, aunque sólo sea por el hecho, de que algo parece que se mueve. Pero no sólo los gobiernos han mostrado su preocupación, sólo ellos como el otro día comentó Beck están capacitados para liderar un proceso de tales características, sino también el capital, que parece que ha encontrado en esta nueva empresa, un nuevo yacimiento económico de rentabilidad asegurada. La sensación que llega a la ciudadanía, por tanto, es que se están dando los primeros pasos para intentar solventar la situación, lo que al parecer, está devolviendo la tranquilidad a esa sufrida opinión pública, siempre manipulable y asediada por intereses que no son los suyos. El tema del medio ambiente, por supuesto que es un tema que debe incumbirle, en todo caso mucho más que otros, con los que parece mostrar mucho más interés; es un tema que le debe de preocupar, sí, pero siempre, no sólo cuando a determinados poderes les intereses, como está ocurriendo en la actualidad. De forma sorprendente, incluso he llegado a leer en algún lugar, que los costes necesarios para resolver el problema, serían muy inferiores a los imaginados en un principio, lo que indudablemente ha tenido que satisfacer a muchos, que una vez escuchado lo anterior, con tranquilidad, han podido regresar aliviados a sus quehaceres y a sus preocupaciones cotidianas, dejándole el desaguisado a unos técnicos, a unos especialistas en la materia, en el convencimiento, de que en poco tiempo, y por una cantidad razonable, lo dejarán todo a pedir de boca. Parece, al menos eso pienso, que esa era la estrategia, preocupar al personal con la desertización del planeta y con el deshielo de los polos, para después comunicarle, que pese a la gravedad, todo se encuentra bajo control, que todas las variables que se encontraban dislocadas, por fin, después de algunos esfuerzos, podrá volverse a controlar, lo que demostrará una vez más, que nos encontramos en buenas manos.
El problema ecológico ya preocupa a todos, incluso a las instituciones y a las empresas, éxito que debe atribuirse al movimiento ecologista, habiéndose logrado un gran consenso, aunque éste resulte más teórico que práctico, gracias al cual, lograr eso tan repetido y tan políticamente correcto como es el desarrollo sostenible. Pero ¿qué es el desarrollo sostenible? En síntesis, es lograr que el desarrollo económico de nuestras sociedades, se acomode a las posibilidades reales que ofrece nuestro planeta, con objeto de que éste, pueda sobrevivir al afán expansionista de los procesos económicos imperantes, lo que no es otra cosa, que introducir medidas intervencionistas y correctoras, en un sistema económico que presume de carecer de ataduras significativas. Los optimistas, que los hay, dirán sobre lo anterior, que se ha conseguido, gracias a la presión de los grupos ecologistas, que el capital comprenda, aunque no le guste, que necesita medidas, que desde el exterior, limite y apacigüe sus inevitables excesos. Pero ese optimismo, como bien comenta Ernest García, hubiera sido comprensible hace cincuenta años, cuando aún era posible evitar que los límites fueran traspasados, pero no ahora, cuando todas las luces de alarma llevan años encendidas. Los movimientos ecologistas han hecho mucho por extender la preocupación y el interés por el medio ambiente, por hacer comprender algo evidente, como que la existencia del ser humano se encuentra emparejada a la salud del planeta, y que éste, desde hace tiempo se halla en una situación crítica, debido a los abusos a los que ha sido sometido de forma sistemática por el propio ser humano.
Pero a pesar de ese optimismo existente, por parte de determinadas organizaciones ecologistas, por el hecho de haber conseguido insertar sus discursos en los discursos hegemónicos (hoy en mayor o menor medida todo el mundo es ecologista al igual que todo el mundo es socialdemócrata), y también por parte de importantes sectores de la opinión pública, que observa con satisfacción, como el problema medioambiental comienza a tomarse en serio, tanto por las instituciones como por los poderes económicos, hay que subrayar, y no precisamente para llevar la contraria, que en la actualidad nos encontramos en una situación límite, en donde no puede haber motivo alguno para el optimismo. El problema es de una gravedad absoluta, pues el imparable deterioro del mundo en que habitamos, no se debe a causas que fácilmente puedan ser erradicadas, ya que es provocado por el desarrollo mismo de nuestras sociedades, de suerte que, para desactivar el problema, habría que modificar los parámetros que la rigen, lo que en ningún caso puede resultar una tarea fácil. La economía, el verdadero corazón del sistema productivita en el que vivimos, que hace tiempo acaparó para sí a los otros puntales del sistema, el público y el social, ejerce una relación de dominio sobre la naturaleza, que mantiene a ésta, subordinada a sus intereses. Modificar la actual situación, sólo podría llevarse a cabo, dinamitando las bases sobre las que se asientan nuestras sociedades, lo que sin duda, en el supuesto caso de que pudiera realizarse, podría acarrear un colapso económico de una envergadura inconcebible, aunque a dicho colapso, que con toda seguridad será caótico, también se llegará a medio plazo, si las pautas desarrollistas impuestas por nuestros sistemas económicos, siguen a toda marcha como en la actualidad. La situación es muy compleja, pues se mire hacia donde se mire, el futuro presenta enormes nubarrones, tanto si se sigue como hasta ahora, como si se intentan detener los procesos económicos existentes, por lo que la tarea del movimiento ecologista en nuestros días, no puede ser otro, que el de buscar salidas aceptables a la actual situación. Ya no basta con eso tan cacareado y asumido por todos del desarrollo sostenible, pues las cotas de desarrollo actual, en ningún caso pueden resultar sostenibles, y mucho menos en un futuro próximo, siendo fundamental encontrar las bases de un nuevo consenso, que posibilite la creación de los cimientos sobre los que tendrá que asentarse la futura sociedad postindustrial a la que estamos abocados, una sociedad en donde la economía, tendrá que liberarse del crecimiento y sumergirse en la redistribución y en la solidaridad, cuestiones que hoy por hoy, ni tan siquiera llegan a barajarse.
El colapso que se avecina debería cogernos preparados, y aquí puede que encuentre su justificación el ecologismo no asimilado, pues el caos que se puede ocasionar, con toda seguridad será de una envergadura tal, que si no existen proyectos teóricos alternativos, será gestionado por regímenes despóticos, que basándose en la fuerza, intentarán sobrellevar la situación, con unos costes que difícilmente podrán hacerse frente. Malos tiempos se avecina y hay que estar preparados.
Jueves, 7 de junio de 2007
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