LECTURAS
(elo.086)
TIEMPO DE CONTRAREVOLUCIÓN
Juan Ramón Capella
Mientras tanto, nº 100
Tenemos un grave problema, nos estamos acostumbrando a interpretar la realidad por lo que vemos, sin preocuparnos siquiera, por todo aquello, que tras las bambalinas, hacen posible lo que acontece a nuestro alrededor. Nos conformamos sólo con lo que emerge a la superficie, sin pararnos a pensar que todo tiene un por qué, una razón, una causa, que en último extremo, configura la forma y el contenido de lo que acontece. Nos estamos banalizando preocupantemente, lo que nos deja sin fundamentos para mantener una actitud vigilante, crítica, con respecto a la realidad contra la que tenemos que enfrentarnos. Nos hemos acostumbrado a coger el rábano por las hojas, a otorgarle significado a lo anecdótico, olvidando que todo gesto, que toda pose, enmascara lo que en realidad debería de importarnos, los mecanismos ocultos, que obligan a que algo sea como es, y no de otra forma completamente diferente.
Lo anterior se pone de manifiesto cuando intentamos analizar la realidad política, pues en lugar de zambullirnos en las causas que hacen posible la actual situación en la que nos encontramos, nos conformamos con lo fácil, con intentar comprender lo que acaece, como si todo lo que observamos, no fuera más que una serie de hechos aislados que ocurren porque sí, como si cayeran del cielo, y no porque necesariamente, debido a una serie de circunstancias previas, tienen que ocurrir.
Cada día me preocupa más el desconocimiento político existente, lo que se pone de manifiesto, sobre todo, en los análisis que se llevan a cabo después de cada jornada electoral, por no hablar de la actitud que se mantiene a la hora de votar, algo que casi nunca llego a comprender. Cualquier observador imparcial, en el supuesto caso que tal espécimen existiera, estarían de acuerdo con Vidal Beneyto, en aquello de que nuestras sociedades, o de lo que queda de ellas, están sufriendo una derechización galopante, pues cada día sonroja más, el hecho de tener que soportar planteamientos, que hasta hace sólo unos años, sólo podían estar en boca de un capitalista confeso, y que ahora esgrimen, con temeraria inconsciencia, muchos de los que tienen que soportar en sus propias carnes las dinámicas capitalistas. Sí, la derechización del mundo es una realidad, y ello no se debe, como muy a menudo se piensa, al hecho de que en Occidente se hayan alcanzado unos niveles de vida inimaginables hace sólo treinta años, sino a una labor lenta pero continuada, que se ha teledirigido desde los centros neurálgicos del capitalismo internacional, al comprender éste, la necesidad que tenía para perpetuarse y legitimarse, de colonizar, también, la mentalidad del hombre medio, el que predomina en nuestras sociedades.
Gracias a su estrategia, el capital ha conseguido, rizando el rizo, que importantes sectores sociales, entre los que se encuentran los segmentos más débiles de la población, es decir los que más padecen sus prácticas, justifiquen sus políticas, lo que sólo puede deberse, y de esto no pueden existir dudas, al resultado de un exitoso proceso, gracias al cual se ha eliminado, eso tan molesto como es la disidencia social. ¿Pero cómo se ha llegado a la actual situación? ¿Cómo es posible que todo haya cambiado tanto en tan pocos años? A estas preguntas, y a otras, son a las que responde Capella en este interesante artículo. Para él, la situación actual, es el resultado de la ofensiva, que en los últimos años del siglo pasado, el capital organizó para aumentar su protagonismo, y por supuesto sus beneficios, a costas del grueso de la sociedad y de las instituciones de ésta. En un determinado momento, el capital, aprovechando el cambio sustancial que el panorama sociopolítico había experimentado debido al desmoronamiento de la Unión Soviética, lleva a cabo un golpe de mano para intentar situarse en el centro del Todo social, desbancando a lo público de tal posición, lo que consigue en gran medida, gracias al neoliberalismo, su brazo político. El neoliberalismo, puesto de moda gracias a una importante campaña mediática, y abanderado por las políticas neoconservadoras de Reagan y de Thacher, junto con el apoyo con el contó, desde un principio, de importantes sectores de la comunidad intelectual, parte de unos pocos principios, todos de una simplicidad extrema, que se podrían resumir en un solo postulado axiomático, a saber, que siempre hay que primar lo privado sobre lo público, lo que significa en último extremo, que lo público, lo de todos, para dejarle la vía libre a la iniciativa privada, debe de reducirse a su mínima expresión. Lo público según lo anterior, sólo podría justificarse y legitimarse, mientras se articule como un instrumento destinado, exclusivamente, a defender los intereses privados. El capitalismo de esta forma, realiza la cuadratura del círculo, logrando hacer realidad su gran sueño, el de convertir lo que antes se llamaba tejido social, en algo muy parecido a la ley de la selva, en donde sólo el más fuerte tiene posibilidades reales de sobrevivir, perdón, de levantar cabeza. Hablar de capitalismo a estas alturas, cuando todos somos tan modernos, puede resultar, a bote pronto, un enorme anacronismo rescatado de la noche de los tiempos, pero estimo, que ya va siendo hora, de que se vuelvan a llamar a las cosas por su auténtico nombre, con objeto de evitar malos entendidos. Pues bien, para Capella, esa ofensiva capitalista que se lleva a cabo desde hace más de un cuarto de siglo, y que está consiguiendo cambiar de forma radical las normas de juego, no es más que un intento por llevar a cabo la Gran Restauración capitalista, cuya intención no es otra, que la de eliminar todo rastro socialdemócrata o intervencionista de lo que aún algunos denominan nuestras sociedades. Este proceso, que aunque no se diga va en contra de los intereses mayoritarios, sólo ha podido ser posible, por el hecho de que se ha producido un gran apagón político, que ha convertido a la ciudadanía, en un mero convidado de piedra, que observa atónita, los cambios que se producen a su alrededor. La fisonomía de la ciudadanía realmente existente, la mayoritaria, podría definirse en primer lugar como apolítica, lo que significa, que sólo se preocupa por sus intereses inmediatos, por todo aquello que le incumbe de manera directa, sin prestar ninguna atención a los problemas sociales, por todo lo que debería afectarle ciertamente. Para Capella, este hecho, que es esencial para el éxito de la Gran Restauración, se debe a una de las aportaciones fundamentales de la tercera revolución industrial, la publicidad, que con el tiempo ha trascendido de su función primaria, la de dar salida a los productos que no tenían una salida clara en unos mercados saturados, para convertirse, en el gran instrumento existente de homogeneización social. La publicidad actual, es la gran responsable, gracias a sus discursos subliminales, de la creación del ciudadano políticamente correcto que puebla nuestras modernas y desarrolladas sociedades, de ese hombre que ha dejado de ser ciudadano para convertirse en individuo, en individuo que sólo aspira a subrayarse de forma constante.
Creo, que para comprender lo que ocurre, lo que acontece a nuestro alrededor, es importante, al menos para encuadrar la situación, tener en todo momento presente el proceso contrarevolucionario que describe Capella, siendo también esencial para comenzar a prepara una estrategia, que desde la izquierda, aspire a lanzar una contraofensiva, con un mínimo de posibilidades de éxito, que aspire a cambiar la actual situación, algo que muchos esperamos desde hace bastante tiempo.
31 de Mayo de 2.007
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