viernes, 23 de octubre de 2015

El impostor

LECTURAS
(elo.316)

EL IMPOSTOR
Javier Cercas
Random House, 2014

                        Me resulta difícil substraerme a nueva obra de Cercas, pero a pesar de ello he retardado la lectura de ésta, lo que en principio puede resultar inexplicable pues en todas las suyas siempre he encontrado la polémica servida. Tenía ganas, no lo voy a negar, de leer “El impostor”, pero al mismo tiempo temía leerla, aunque tengo que reconocer que he leído todas sus obras anteriores. La literatura de Cercas me resulta trabajosa, agotadora, no porque su narrativa sea compleja, no, en absoluto, sino por la forma que tiene de afrontar sus temas, por su narrativa circular, por sus apuestas, por el lugar en el que se sitúa ante lo que cuenta, por su cercanía, y también, por sus categóricas afirmaciones. Después de “Héroes de la frontera”, una novela teóricamente de ficción, en la que se recreaba en las aventuras y desventuras de uno de esos jóvenes delincuentes que tanto se publicitaron en el último tercio del siglo pasado, y cuyo protagonista a muchos nos hizo recordar al “Vaquilla”, y que posiblemente ha sido su peor obra, ya que en ella no aportó nada nuevo, no sabía por dónde podría salir Cercas, si por otra novela-novela, o si por el contrario iba a reaparecer por ese territorio que tan bien domina que podría denominarse como “metaliterario”, que es dónde sin duda ha dado sus mejores frutos. ¿Pero qué es la metaliteratura? La metaliteratura es un engendro, un extraño y repleto cajón de sastre en el que todo cabe, un engendro que sin duda también es literatura.
                        En esta ocasión, en “El impostor”, Javier Cercas afronta la compleja vida de Enric Marco, un extraño individuo que a sus ochenta y cuatro años fue desenmascarado, lo que provocó un enorme revuelo mediático, al descubrirse que a pesar de ser el Presidente de una de las asociaciones más activas de supervivientes del Holocausto, la “Amical de Mauthausen”, nunca había estado internado en ningún campo de concentración nazi por haber luchado en la resistencia.
                        La primera pregunta que hay que hacerse una vez terminado el texto, la primera y fundamental, es saber si el autor ha sabido aportar una imagen aceptable de tal personaje, a lo que hay que responder afirmativamente, pero la que aporta no es una imagen lineal del mismo, una imagen de cartón piedra que lo denigre o que lo absuelva definitivamente, sino que de él nos deja una imagen poliédrica, que es posible que sea la que mejor se adecue a ese poliédrico personaje. Lo fácil hubiera sido lo contrario, el pisotearlo o el elevarlo a los altares mediante una novela tradicional, pero el autor desde muy pronto comprende, lo que habla bien de él, a pesar de los prejuicios con  los que se acercó en un principio al personaje, que Enric Marco, que la vida de Enric Marco desbordaría los marcos de una narración novelada, por lo que apuesta por una metodología diferente, que es en la que él se encuentra más a gusto, en donde el ensayo, la biografía, la autobiografía y el periodismo le aportan los instrumentos que necesita para abordar a un personaje de tales características.
                        No cabe duda que Enric Marco, con su impostura, es el gran protagonista de la narración, pero el autor tropieza, en el intento que realiza con objeto de acercarse al personaje de la forma más adecuada posible, con una serie de cuestiones, gracias a las cuales la obra toma envergadura, como la del eterno tema de las relaciones entre la realidad y la ficción, el de la ética y el de la impostura, o el también sempiterno de los límites de la novela. Marco se convierte de esta forma, aunque el autor nunca lo pierda de vista, en una excusa para hablar y reflexionar sobre otras cuestiones, ya que Cercas, a la hora de embarcarse en el proyecto, de embarcarse definitivamente en el proyecto, lo hace con el único objetivo de entender, que no de justificar a Marco, y ante una actitud como esa, de forma inevitables surgen escollos, dudas y complicaciones que hace comprender que nada, que nada es tan simple como en un principio pudiera parecer.
                        Lo singular del texto es la forma en que el tema es tratado, en donde el autor es un protagonista activo de la narración, contando en primera persona las dudas y las complicaciones que iba encontrando para elaborar el trabajo que deseaba desarrollar. De suerte que el libro se compone de dos planos que se van exponiendo en capítulos alternos, en unos se cuenta el trabajo de investigación o de recopilación de datos que lleva a cabo el autor, y en los otros la propia historia de Marco, quedando la sensación, una vez terminada la lectura, que la imagen que se aporta de Enric Marco, si no completa, es la más completa de las posibles, ya que Cercas ha trabajado y se ha enfrentado a todas las múltiples aristas del personaje que ha encontrado, en donde Marco queda como un ser humano  complejo, muy complejo, como alguien que luchó por no quedar atrapado en la medianía ambiental imperante, aunque ello, en ningún caso, pudiera justificar su actitud.
                        “El impostor” es un texto curioso, interesante, posiblemente no acto para los que busquen sólo una novela al uso, pero muy recomendable para los que están interesados en las nuevas formas de entender la literatura que están surguiendo, aquellas que no se conforman con seguir contando historias como hasta ahora se han venido contado. La novela clásica está en crisis, en una crisis que es diferente a las anteriores, y en la que la literatura de  mero entretenimiento tiene los días contados, por lo que es  imprescindible apostar por unas formas de entender la literatura, más abiertas y más innovadoras, en las que, en todo caso, el lector tiene que ser tratado como un individuo inteligente al que se le tienen que aportar textos inteligentes. Éste de Cercas lo es.


Sábado, 7 de marzo de 2015

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