viernes, 19 de septiembre de 2008

Más sobre la literatura de calidad y la popular


ACERCAMIENTOS
(elo.0131)

Más sobre la literatura de calidad y la popular

Las diferencias entre las denominadas literatura popular o de entretenimiento y la alta literatura no resultan fáciles de delimitar, al existir amplias zonas en donde ambas se solapan entre sí, estableciéndose entre ellas una interrelación fronteriza, que dificulta una visión minimamente objetiva de las mismas. Evidentemente en los extremos todo resulta más diáfano, ya que nadie después de leer, por ejemplo, a Bellow o Marías, calificaría a estos autores, por muy pocas lecturas que se tengan sobre las espaldas, como novelistas populares que sólo buscan el entretenimiento de sus lectores. Lo mismo ocurre pero en la otra vertiente, con escritores como Stephen King o Dan Brown.
Partiendo de la base indiscutible, al menos desde mi punto de vista, que toda buena novela, en primer lugar tiene que entretener al lector a la que va dirigida, resulta necesario buscar otro punto de referencia, que no sea el entretenimiento, para distinguir a una y a otra Se podría decir, por supuesto, que existe un entretenimiento banal y otro enriquecedor, pero en el fondo, si se piensa bien, tan enriquecedor puede resultar disfrutar con una novela banal debajo de una sombrilla, que con otra que para adentrarse en ella necesariamente haga falta un lápiz y un papel, ya que todo depende de las necesidades de cada lector.
Todo esto viene a colación por dos cuestiones, por la recomendación que he realizado de una novela, y por la lectura de una entrevista a John Grisham, uno de los grandes autores de best sellers del momento, que me ha resultado extremadamente esclarecedora. La novela en cuestión es “Una mujer difícil” de John Irving, de la que guardaba un buen recuerdo desde que la leí, y que sin pensarlo dos veces, se la aconsejé a una persona muy cercana, con la certeza, conociéndola, de que iba a disfrutar con ella, como así ha sido. La novela podría ser definida por algunos como un best seller, lo que se sostendría por dos hechos, por el gran número de copias vendidas de la misma, y por ser una novela accesible, de esas que se leen con una facilidad endiablada. Pero el problema es que también es algo más, lo que no significa que se trate de una novela de primera línea, al ser una narración de personajes complejos, lo que quiere decir reales, muy alejados del acartonamiento y de la unilateralidad de los que pueblan las páginas de los superventas. A donde quiero llegar, es que “Una mujer difícil” es una de esas obra, de las muchas, que con dignidad (no todas lo son) pueblan esa amplia zona fronteriza de la que hablé con antelación, que no pueden se definidas sin más como obras de evasión, pero que tampoco, para qué engañarnos, con lo que algunos denominan literatura de calidad, de esas que necesariamente hay que ir vestidos, mientras se lee, como si se estuviera en la oficina. Es el tipo de literatura que gusta a los que ven la lectura, no como una profesión, sino como una agradable y civilizada forma de pasar el tiempo, que es el concepto que de la literatura poseen la mayoría de los lectores; una novela bien realizada que potencia el gusto por la lectura, lo que es más que suficiente para poder catalogarla como interesante y recomendable. Pues bien, hablaba yo sobre el tema el otro día, y sólo me quedé en lo anterior, en la importancia de que se publiquen historias potentes y entretenidas, que tengan la virtud de enganchar al lector desde la primera página, sin necesidad de caer en las banalidades al uso, pero sabía que en el fondo no estaba dando en la tecla adecuada para establecer las diferencias entre la alta y la baja literatura. Esta mañana, de forma inesperada, me he encontrado con una entrevista esclarecedora, en donde uno de los más afamados autores de literatura de evasión, me lo ha dejado todo claro. El suplemento dominical que compro y que sólo de vez en cuando leo, ofrecía una entrevista a John Grisham, autor de entre otras afamadas novelas, en parte por haber sido llevadas con éxito a la gran pantalla, como “Informe pelícano” o “La tapadera”, en donde sin dudar en ningún momento, dejaba claro las diferencias, las para él abismales diferencias entre ambas literaturas. Entre otras cuestiones, decía que la mayor diferencia radicaba en la importancia que para el tipo de novela que él escribe tiene el argumento o trama, que tiene que ser contundente, y presentarse perfectamente estructurado, mientras que el otro tipo de literatura, presta mucha más atención a los personajes, es decir a la estructura mental de los mismos. Creo que el norteamericano acierta plenamente, pues la literatura de entretenimiento, ante todo, debe dejarle todo claro al lector, con la intención de que no se pierda, aportándole señales en cada recodo para que siga la ruta adecuada. Este tipo de obras, se presentan ante el autor como grandes autovía, o autopistas, que puede recorrerse a gran velocidad, sin que exista el temor de que el lector se extravíe en el trayecto que tiene que seguir, mientras que las otras, se presentan como un ramillete de caminos vecinales, que hacen posible precisamente lo contrario, pues mientras que las primeras siempre tienen presente la meta, el fin del viaje, las segundas ponen más interés en el paisaje por la que transcurren, en los recodos del camino, que en el lugar exacto en donde debe finalizar el itinerario.
Creo que lo anterior es suficiente para detectar y calificar ambos tipos de literatura, lo que no quiere decir, que quede claro, que toda literatura popular necesariamente tenga que ser mala, ni toda la teóricamente de calidad buena, pues afortunadamente hay de todo en la viña del señor.

Domingo, 31 de Agosto de 2.008

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