miércoles, 9 de febrero de 2011

La agonía de Francia


LECTURAS (elo.212)

LA AGONIA DE FRANCIA
Manuel Chaves Nogales
Libros del Asteroide, 2010

Sabía que “Libros del Asteroide”, sacándolo del olvido, había editado este texto, del que, desde un principio, me llegaron excelentes alabanzas, por lo que estaba deseando que cayera en mis manos. Creía que se trataría de una novela, de una novela del estilo de “El maestro Juan Martínez estuvo allí”, en la que, desde un personaje de ficción, se narrara lo que ocurrió en Francia en aquellos momentos históricos en los que sucumbió al fascismo. Pero no, afortunadamente me he encontrado con una crónica periodística, o mejor dicho, con un ensayo periodístico llevado a cabo por alguien que “estuvo allí”, en el que se observa, como no podía ser de otra forma, la visión del propio Chaves Nogales sobre lo acaecido, pero también, la carga, la enorme carga ideológica con la que aliñó todo lo que narró. Sí, el autor posee la virtud, de criticar en todas sus obras las ideologías dominantes del tiempo en que vivió, que eran el comunismo y el fascismo, pero las criticó, a veces de forma magistral, desde la suya propia, desde el liberalismo democrático. En aquellos momentos difíciles, y no sólo para España, ser demócrata y creer en los principios del liberalismo, no era precisamente lo más fácil, pues todo, incluso el aire que se respiraba, estaba impregnado por un espíritu antiliberal y antidemocrático, al estimarse de forma generalizada, que la inoperancia de los regímenes democráticos, era la causa de todos los males, y que sólo desde posicionamientos totalitarios se podría definitivamente llevar a cabo el salto histórico que la humanidad necesitaba. El problema, como bien dejó relucir en innumerables ocasiones el autor, era que no se comprendía que el estancamiento que padecían dichos regímenes, se debía, a que carecían de una amplia base social que los hicieran viable, pues parecía que todos, a lo único que aspiraban, era a denostarlos y a criticarlos.
Para comprender este texto, hay que partir del hecho, que Chaves Nogales había llegado derrotado a Francia, después de haber padecido todos los sin sabores de la guerra civil española, creyendo haber dejado atrás la barbarie y la intransigencia, con la esperanza de poder asentarse en un país civilizado, en donde los valores democráticos del liberalismo en los que creía, iluminaran una convivencia aceptable basada en el diálogo constante y en el respeto a la diferencia. Pero no encontró lo que esperaba, pues la semilla del totalitarismo, el mal de aquella época, hacía ya tiempo que había germinado en el país galo, por lo que la patria de la libertad, de los ideales republicanos, también se deslizaba por la peligrosa senda de la intransigencia, por la misma acerada pendiente que había conseguido llevar a España al desastre y a la destrucción. Las tropas alemanas amenazaban las débiles fronteras francesas, por lo que la temida y alargada sombra del nacionalsocialismo, con todo lo que ello significaba, condicionaba la vida cotidiana que encontró el periodista sevillano cuando llegó al país vecino. Pero para él, el peligro real no se encontraba fuera, en las ambiciones de Hitler y sus lugartenientes, sino en el hecho innegable, que los ideales que estos representaban, antes incluso de comenzar la guerra, ya habían sido asimilado por un importante sector de la población francesa. La cuestión, según el autor, radicaba en que Francia, también había padecido una sangrienta guerra civil, no como la española en los campos de batalla, pero sí en esa otra contienda que se materializa en el terreno de las ideas. El país de la revolución se encontraba profundamente dividido, escindido entre los partidarios de los planteamientos comunistas que llegaban desde Moscú, y los que veían la necesidad, de edificar un régimen totalitario a imagen y semejanza del alemán y en menor medida del italiano. Esta profunda brecha que dividía a la sociedad francesa en dos bandos radicalmente enfrentados entre sí, dejaba poco margen para pensar en Francia, o mejor dicho, en los valores que siempre había representado y definido a Francia, por lo que, antes incluso de que las divisiones acorazadas alemanas se adentraran en el Hexágono, Francia como idea, como idea de nación ya no existía. Para Chaves Nogales, bastante influido en esta época, como se puede observar con facilidad, por Ortega y Gasset, la razón última de esta catástrofe, tenía sus causas en la rebelión de las masas, que en su pusilanimidad, siempre prefieren apostar por la simplicidad del blanco o del negro, por los planteamientos diáfanos, sean los que sean, que por la complejidad que define la existencia humana, que en todo momento se encuentra obligada a moverse entre una gama de colores de una amplitud difícil de soportar, que sólo puede tener acomodo en un sistema democrático, ya que éstos, son los únicos que pueden salvaguardar la pluralidad existente en toda sociedad sana. Se podría decir, que leído lo leído, y después de recordar otros trabajos del autor, que el sevillano, también se encontraba encadenado a sus propios ideales, a su forma de ver y entender el mundo, pues en “La agonía de Francia”, lo que hace, es trasladar a otras latitudes, lo que escribió sobre los problemas que habían conseguido hundir a España. Para él, simplificando, la causa del fracaso de la república española, consistió en que la vida social y política de nuestro país se polarizó en dos extremos irreconciliables, no dejando espacio, para lo que aquí se podría denominar la tercera España, una España centrada, que trabajase para que todos, independientemente a los ideales que poseyeran, tuvieran cabida en un mismo marco de convivencia, que siempre, entre todos, habría que cuidar. Esa tercera España, qué duda cabe, era la España regeneracionista que representaba los valores republicanos, en los que militó, como otros muchos intelectuales de la época, el propio Chaves Nogales. De todas formas, me ha llamado poderosamente la atención, la forma demasiado explícita en mi opinión, en que utiliza los postulados básicos de la obra emblemática de Ortega, dejándome la sensación, de que acababa de leerla y que aún no la tenía lo suficientemente asimilada, lo que a su vez me lleva a pensar, que a pesar de que la tesis que expone es contundente, o posiblemente por ello, que tuvo que realizar un profundo esfuerzo para adaptar lo que veía a los planteamientos que ya poseía, ya que todo lo que nos cuenta cuadra a la perfección. Yo, siempre que puedo trato de huir de estas cuadraturas perfectas, que casi siempre veo forzadas, al imaginar, pues es ley de vida, que para que todo encaje, es necesario podar demasiadas variables, que posiblemente sean las que aportan la singularidad que cada caso posee. Lo mismo, curiosamente, le solía ocurrir al propio Ortega. Cada día me interesan más este tipo de creaciones literarias, los reportajes periodísticos de calidad, pues cuando están bien realizados, aportan un importante caudal de información, que sirven para completar las esquemáticas informaciones, por norma general interesadas, que desde los medios de comunicación nos llegan, y sobre todo, para neutralizar la tendencia imperante a simplificarlo todo. Si para colmo, el reportaje o la crónica periodística va firmada por alguien de la categoría de Chaves Nogales, que no sólo se dedica a informar, sino a aportar su opinión sobre lo que acontece, mejor que mejor.

Domingo, 9 de enero de 2010

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