viernes, 30 de noviembre de 2007

Sin respiro

LECTURAS
(elo.095)

SIN RESPIRO
William Boyd
Alfaguara, 2.006

Sigo pensando, que la literatura, la buena literatura es, tiene que ser, algo más que un mero entretenimiento, una actividad artística, en donde el autor lleve de la mano al lector por senderos desconocidos por ambos, con la esperanza, de que a la vuelta de cualquier recodo, pueda aparecer lo inesperado. Para los que buscan entretenerse, algo muy lícito por otra parte, existen otros productos, incluso determinado tipo de literatura, aunque ésta, poco tiene que ver con la otra, con la que aquí se califica de artística. El problema, o uno de los problemas, es que la literatura cada día se concibe más como una mercancía que como una actividad artística, lo que está conduciendo a la misma, a una extraña situación, que está logrando desvirtuarla, convirtiéndola en algo cada día menos necesario. La necesidad del arte, es algo cuanto menos que problemático, al no ser una prioridad para el ser humano como lo puede ser, por ejemplo, luchar a brazo partido contra el aburrimiento, algo insoportable en el tipo de sociedad en la que vivimos. El arte es un lujo, un lujo al que sólo pueden aspirar, desgraciadamente, y esto aunque duela hay que decirlo, un reducido número de individuos, entre otras razones porque es producto de un aprendizaje previo. Por ello, al ser algo minoritario, hay que comprender que la industria editorial, cada día, en aras de su rentabilidad, se preocupe menos de esa franja de mercado que espera obras singulares, y más, evidentemente, por llenar los anaqueles de las librerías, con textos que sí puedan satisfacer los gustos de ese sector mayoritario, que sólo busca entretenerse con lo que lee. Este es el motivo, y no otro, por el que la literatura que se publica cada día resulte más banal, no porque no existan creadores de altura, que aunque pocos los hay, sino por el hecho, de que las obras de estos, no tienen acogida en esa industria, que sólo aspira a lograr un número determinado de ejemplares vendidos, sin preocuparse en ningún momento, de la calidad de los mismos. Se dirá que lo anterior es lógico, y claro, en un mundo dominado por la lógica de los mercados, en donde todo hay que venderlo, y en donde el gran fracaso radica en carecer de la competitividad necesaria, hay que reconocer, que la política llevada a cabo por las editoriales es la única posible, la única sostenible, pues el problema, es la inexistencia de una demanda diferente, que sí podría cambiar, si existiera, esa inflexible lógica que en la actualidad existe. Comenté un poco más arriba, que el arte es un aprendizaje, lo que significa que nadie nace, absolutamente nadie, ni tan siquiera los más exquisitos, sabiendo apreciar una determinada manifestación artística, y que éstas sólo se llegan a saborear, después de un largo periodo, después de un largo deambular por el desierto.
En momentos como los actuales, en donde el hombre ha llegado a unos estadios de desarrollo impensables hace sólo algunas décadas, gracias al cual, por fin, se ha conseguido un nivel económico medio aceptable, y sobre todo, a un porcentaje de tiempo libre disponible del que tendríamos que sentirnos orgullosos, se constata, que ese mismo hombre, no se encuentra capacitado para disfrutar de las conquistas conseguidas. Siempre he pensado, que el aumento del tiempo libre, es lo que liberaría al ser humano de todas sus cadenas, de todas sus taras, pero ahora comprendo, con bastante desanimo, que no se encuentra preparado para enfrentarse a su nueva realidad, lo que está siendo utilizado por los poderes dominantes, para embotarlo y desorientarlo aún más. Se tiene tiempo libre, como nunca se ha tenido, pero no se sabe qué hacer con él, de suerte que, a lo único que se aspira, es a intentar llenarlo de la forma más rápida posible, pues en caso contrario, ese tiempo de ocio, que debería ser creativo, la contrapartida necesaria al tiempo de trabajo, se convertiría en algo insoportable. Ese nuevo hombre, por tanto, tiene la obligación de aprender a enfrentarse a la nueva situación ante la que se encuentra, lo que podrá realizar gracias a dos vías, la primera de las cuales, no sería más que una prolongación de sus actuales comportamientos, es decir, entendiendo el tiempo libre como algo que hay que soportar, como sea, o por el contrario, comprenderlo como un estadio de crecimiento, en donde día a día, se tenga la oportunidad de poder mejorar vital y culturalmente. Este aprendizaje, que tendrá que ser lento pero continuado, puede tener la facultad, de modificar la fisonomía del hombre medio realmente imperante, al tiempo que el de nuestras sociedades, al modificar el eje sobre el que todo se articula.
El tiempo libre del que hablo, puede suponer un florecimiento de la literatura, de la literatura de calidad, pues habrá tiempo para leer con calma, y para leer mucho, siendo esto último fundamental, para con el tiempo, poder disfrutar de la literatura. Nadie comienza leyendo a Proust, todos los que han llegado a coronar esa cima, lo han logrado después de una larga escalada, después de múltiples intentos fallidos y de múltiples esfuerzos, esfuerzos que uno mismo, por necesidad, día a día se ha ido imponiendo. De aquí surge la importancia de la literatura popular, que no es otra que la incita a la lectura, la que obliga, a que cuando se termina una determinada novela, se busque lo antes posible otra, la que aporta placer en la lectura, la que engancha, siendo sin más, aquella por la que todo buen lector ha tenido necesariamente que pasar. Lo que ocurre, es que existe una literatura popular buena y otra mala, siendo esta última, para simplificar, la que embota, la que en lugar de abrir se dedica a taponar los caminos, la que desanima y aburre, mientras que la otra, la buena, es todo lo contrario, siendo su función dentro de la literatura, la de entretener y crear nuevos lectores. Dentro de la literatura popular, hay que subrayar el importante papel que en todo momento ha tenido la novela negra y los triller policíacos, pues ambas modalidades literarias, han tenido siempre la facultad de crear lectores ávidos, que con posterioridad, gracias a las semillas que lograron plantar, pasaron a otro tipo de literatura, a una literatura más compleja y enriquecedora. Por ello, estimo, que en la labor de aprendizaje que hay que realizar, es fundamental, que se potencie ese tipo de obras, pues ellas suponen un peldaño esencial para el desarrollo de todo lector.
De tarde en tarde, llega a mi poder alguna novela de estas características, y tengo que reconocer, que de vez en cuando, necesito perderme en alguna de ellas, aunque reconozco, que lo que más me atraen de las mismas, no es precisamente su calidad literaria, sino su capacidad para embrujarme, para seducirme durante unas cuantas horas. No se puede estar siempre, utilizando el símil anterior, escalando cimas emblemáticas, pues a veces, lo que realmente apetece, es pasear por armónicas colinas y disfrutar del paisaje, disfrutar con el hecho de leer. En esta ocasión ha caído en mis manos un triller británico, “Sin respiro” de William Boyd, en donde de forma paralela, intercalando capítulos, se cuentan dos historias entrelazadas entre sí, la de una antigua espía británica, que ya jubilada, le cuenta a su hija, gracias a unos manuscritos que le va entregando paulatinamente, todos los avatares que forjaron su vida, y la de esa hija, que atónita, va descubriendo la vida secreta de su madre. Una novela, que como diría un amigo mío, podría ser calificada de digna, una obra aceptable para eso, para esconderse en ella sin pensar en nada más, pero que puede constituir un ejercicio saludable, para todos aquellos, que están intentando introducirse en eso que se llama literatura.

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