viernes, 24 de octubre de 2014

Todo lo que hay

LECTURAS
(elo.305)

TODO LO QUE HAY
James Salter
Salamandra, 2013

                        De vez en cuando, y de forma en principio inexplicable, un autor desconocido se pone de moda, de suerte que todos corremos a leerlo, pues al sólo escuchar elogios de él, dudamos si nos estamos perdiendo algo importante de verdad. Esto pasó con Modiano hace algunos años, cuando todos mis conocidos se pegaron un atracón con la literatura del francés, pues muchos de  los creían encontrarse sobre la ola hablaban maravillas de sus novelas, por lo que me vi en la obligación de leerlo sin hallar en lo que encontré nada interesante. Siempre he pensado que lo de Modiano, del que ya nadie habla, porque posiblemente ha pasado a ocupar el lugar que le corresponde, el de estar en una discreta segunda o tercera fila, fue ante todo una estrategia editorial, un fenómeno que demostró la capacidad de un editor de prestigio para poner durante unos meses a un determinado autor en el centro del debate literario. Por ello, soy reacio a todos estos interesados movimientos de la industria editorial, que de la noche a la mañana rescatan a un autor del olvido o del anonimato para convertirlo, como por arte de magia, en un novelista imprescindible. No obstante, en esta ocasión, con Salter, las recomendaciones provenían de amigos y de críticos de una credibilidad altamente contrastada, que abominan, como yo, de esas extrañas campañas publicitarias que se dedican a enaltecer a algunos autores por razones casi siempre espúreas.
                        Soy de los muchos que no sólo no había leído nada de James Salter, sino que tampoco había oído hablar de él, por lo que no sabía qué me iba a encontrar, aunque aventuraba que me toparía con un autor que desarrollaría una literatura norteamericana al uso, realista, en donde si tenía suerte una historia potente me arrastraría, aunque ignoraba dónde tendría que ubicarlo, si entre los narradores cercanos a Cheveer, a los de Roth, o a cualquiera otro de los colosos de esa literatura que tanto me interesa. En principio lo que más me sorprendió fue su agilidad narrativa, pues pronto comprendí que no podía dejar de leer y de leer, ya que múltiples pequeñas historias se desarrollaban dentro de la propia historia, como si la novela estuviera preñada y sostenida por una gran cantidad de pequeños relatos. Sí, porque “Todo lo que hay” es ante todo una novela de personajes, de múltiples personajes, todos con sus propias historias, que mediante un elaborado collage, dibuja un amplio retablo de la sociedad norteamericana de las cuatro décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, la gran época americana. En este aspecto, aunque en esta novela existe un claro hilo argumental, la historia del propio protagonista, la novela de Salter me ha hecho recordar a “Manhattan Transfer” de Dos Pasos, al tratar de captar toda una época gracias a los múltiples personajes que en ella aparecen, y no sólo a través del elemento central de la misma.
                        No puedo decir que la vida de Philip Bowman, al igual que la de los muchos que se van cruzando en su camino sea apasionante, de suerte que el protagonista de la novela de Salter es alguien anodino, como por otra parte la mayoría de los mortales, que trabaja en una editorial, en los tiempos gloriosos de éstas, y del que se van contando sus avatares vitales, subrayándose sobre todo, porque casi siempre es lo más  importante que a uno le pasa, sus encuentros y desencuentros sentimentales, pero a través de los cuales se puede observar la sociedad que le tocó vivir. Salter se conforma con eso, con narrar la aburrida vida de  su protagonista y de todos los que de su mano, de una forma o de otra, van saliendo a escena, no cargando las tintas sobre ningún tema en concreto, limitándose a contar lo que les ocurre. En este sentido la novela puede resultar decepcionante para los que busquen otra cosa, sobre todo para los que aspiran a encontrar siempre en lo que leen un tema de calado, pero hay que reconocer que esa cotidianidad con la que uno se encuentra leyendo la novela, a veces, es más difícil de plasmar de lo que en principio pudiera parecer.
                        Sin duda, el punto fuerte de la novela, es el placer que se siente al leerla, la habilidad que posee el autor para no aburrir ni cansar al lector, al escaparse con cualquiera de los personajes que aparecen en escena, a los que en pocas páginas logra describir y contar la historia que lo envuelve, aunque después, éste,  no vuelva a aparecer en toda la narración. Es una de esas extrañas novelas en la que de vez en cuando, es conveniente tener que parar la lectura para saborearla mejor, pues posee la adictiva facultad de absorber por completo al que se sumerge en ella, lo que posibilita que, pese a su grosor, pueda leerse en sólo dos o tres sentadas.
                        No obstante, para ejercer un poco de “mosca cojonera”, he echado en falta, al pensar en la novela después de leerla, algo más que la yuxtaposición de las múltiples situaciones vitales que se narran, un nexo común y potente entre ellas, pues da la sensación de que todos los personajes que aparecen son meros navíos que han zarpado de puerto pero que no saben en realidad  hacia dónde se dirigen, o que a lo único a lo que aspiran es a afrontar la travesía a la que se ven arrojados de la forma más confortable posible. En este contexto la novela es demasiado norteamericana, en donde el objetivo es sobrevivir de forma aceptable, siendo la estrategia más adecuada para ello la de adaptarse a las circunstancias que cada cual se  vaya encontrando.
                        “Todo lo que hay” es una de esas novelas que obligan a quien acaba de leerla a buscar otras obras del autor, con la esperanza al menos de poder hallar en ellas más de lo encontrado. Lo curioso del tema, es que esta novela es la última escrita por el autor  después de casi treinta años sin publicar nada, por lo que no tengo ni idea de cómo son ni de que tratan sus anteriores obras, por lo que interés de acercarme a ellas se acrecienta.


Sábado, 5 de junio de 2014

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