martes, 9 de abril de 2013

Gabriela, clavo y canela

LECTURAS
(elo.274 )

GABRIELA, CLAVO Y CANELA
Jorge Amado
Alianza Editorial, 1958

Durante algunas semanas esta novela ha estado sobre mi mesa sin que me apeteciera realmente asaltarla, pues en mi desconocimiento, imaginaba que se narraría una historia exótica, cercana al realismo mágico, que se desarrollaría en una especie de Macondo brasileño en donde todo resultaría excesivo, y en donde para colmo, todo sucedería en torno a una historia de amor, algo, en suma, para lo que no me encontraba preparado. Pero claro, nunca había leído a Jorge Amado. Por lo anterior, comencé a leer con precaución, con otra novela al lado por si como preveía tendría que abandonarla, pero al poco tiempo me vi atrapado por la lectura y por la historia que ante mí se desarrollaba, una historia mil veces contada y hasta previsible, cierto, pero elaborada de forma muy inteligente, pues como comprobé rápidamente, la historia de Gabriela, la vida de Gabriela, era sólo una de las múltiples historias de la narración, y no precisamente la más interesante, aunque tengo que reconocer que es la que más condimenta y enriquece la novela.
“Gabriela, clavo y canela” narra la historia de una transición, de la transición que se produce en las ciudades cacaoteras del sur del Estado brasileño de Bahía, entre el periodo de asentamiento y estabilización de los grandes latifundios de la zona, y el que obligatoriamente le siguió, el del lavado de cara institucional, lavado de cara que no sirvió, como ni tan quiera se planteó, para cambiar las estructuras sociales de esas sociedades, sino para legitimar ante la galería el status quo imperante. O dicho de otra manera, el movimiento político que se produjo tendente a delegar la gestión económica en la burguesía, que en todo momento velaría por los intereses de los productores, cambio que aumentaría los beneficios, al modernizarse las estructuras exportadoras. En este periodo de transición es donde se desarrolla la novela, observándose claramente, gracias a los avatares de los múltiples personajes, el mundo que estaba muriendo y el que estaba naciendo, y aquí precisamente, en la tensión que se articula entre lo viejo y lo nuevo, es donde esta narración toma su fuerza, en donde se singulariza y en donde consigue convertirse en una buena novela.
No es fácil realizar una buena obra coral, pues se necesita mantener durante la narración, y de forma sostenida, diferentes variables o tramas abiertas en torno a un mismo tronco argumental, variables que por sí solas se podrían convertir, y sin muchos problemas, en novelas independientes. Y esa dificultad radica sobre todo, en que esas substramas, en ningún momento pueden ocultar o eclipsar el objetivo último de la narración, cosa que sin aparente dificultad Jorge Amado consigue, pues ni Gabriela, con su olor a clavo y con su exuberancia, consigue apartar al lector de la tesis central de la obra. “Gabriela, clavo y canela”, en contra de lo que imaginaba es una novela eminentemente política, lo que es lógico si se tiene en cuenta la extrema politización de su autor, que llegó a ser diputado por el Partido Comunista en el Parlamento Federal brasileño, que trata el tema, como apunté con anterioridad, de la modificación, de la adecuación a los nuevos tiempos del régimen capitalista brasileño, sin que las transformaciones que se llevaron a cabo, tocaran en ningún momento las estructuras eminentemente criminales, depredatorias e injustas sobre las que asentaba.
Sí, es una obra política, pero sobre todo es una novela total, de esas que consiguen embaucar y secuestrar al lector con sortilegios de todo tipo, pues a pesar de su temática, la narración en ningún momento llega a ser explícita, lo que se explica por el hecho, de que el interés que mantiene el autor por la política en ningún momento logra eclipsar la pasión que sentía por las temáticas naturalistas y por la vida que explotaba en los ambientes humildes de Brasil y más concretamente en Bahía. De ese coctel nace “Gabriela, clavo y canela”, en donde la vida, sin abatirla, se sobrepone a la política, consiguiendo que ésta ocupe su lugar natural, el de estar al servicio de la vida.
Pero a pesar de todo, la historia de amor entre Gabriela y Nacib tiene un lugar central en la narración, pues mientras que el árabe Nacib pertenecía a la clase emergente de los comerciantes, ella surgió del pueblo, de la tierra, sin comprender nada de convenciones sociales, ya que era “una flor verdadera entre un montón de flores de papel”, que se dejaba llevar por los instintos pero sin olvidar nunca la diferencia existente entre la fidelidad y la lealtad.
Como ocurre en este tipo de novelas, la trama se desarrolla en una ciudad, Ilhéus, por aquel entonces pequeña, en donde todo el mundo se conocía y sabía el lugar que ocupaba, en donde todas las rencillas, las bondades y los vicios de cada cual eran conocidas por todos, y en la que cualquier suceso, por insignificante que fuera, quedaba registrado con prontitud, gracias al boca a boca, en las cabezas de cada uno de sus habitantes, lo que hace posible que el lector, consiga hacerse cargo de la situación en poco tiempo.
“Gabriela, clavo y canela” es una novela compensada y agradable que se lee con facilidad, gracias al estilo realista del autor, y a cierta ironía que impregna toda la obra, que si bien no la convierte en una gran novela, por su construcción, se encuentra por encima de la media.

Jueves, 14 de febrero de 2013

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