LECTURAS
(elo.274
)
GABRIELA,
CLAVO Y CANELA
Jorge
Amado
Alianza
Editorial, 1958
Durante
algunas semanas esta novela ha estado sobre mi mesa sin que me
apeteciera realmente asaltarla, pues en mi desconocimiento, imaginaba
que se narraría una historia exótica, cercana al realismo mágico,
que se desarrollaría en una especie de Macondo brasileño en donde
todo resultaría excesivo, y en donde para colmo, todo sucedería en
torno a una historia de amor, algo, en suma, para lo que no me
encontraba preparado. Pero claro, nunca había leído a Jorge Amado.
Por lo anterior, comencé a leer con precaución, con otra novela al
lado por si como preveía tendría que abandonarla, pero al poco
tiempo me vi atrapado por la lectura y por la historia que ante mí
se desarrollaba, una historia mil veces contada y hasta previsible,
cierto, pero elaborada de forma muy inteligente, pues como comprobé
rápidamente, la historia de Gabriela, la vida de Gabriela, era sólo
una de las múltiples historias de la narración, y no precisamente
la más interesante, aunque tengo que reconocer que es la que más
condimenta y enriquece la novela.
“Gabriela,
clavo y canela” narra la historia de una transición, de la
transición que se produce en las ciudades cacaoteras del sur del
Estado brasileño de Bahía, entre el periodo de asentamiento y
estabilización de los grandes latifundios de la zona, y el que
obligatoriamente le siguió, el del lavado de cara institucional,
lavado de cara que no sirvió, como ni tan quiera se planteó, para
cambiar las estructuras sociales de esas sociedades, sino para
legitimar ante la galería el status quo imperante. O dicho de otra
manera, el movimiento político que se produjo tendente a delegar la
gestión económica en la burguesía, que en todo momento velaría
por los intereses de los productores, cambio que aumentaría los
beneficios, al modernizarse las estructuras exportadoras. En este
periodo de transición es donde se desarrolla la novela, observándose
claramente, gracias a los avatares de los múltiples personajes, el
mundo que estaba muriendo y el que estaba naciendo, y aquí
precisamente, en la tensión que se articula entre lo viejo y lo
nuevo, es donde esta narración toma su fuerza, en donde se
singulariza y en donde consigue convertirse en una buena novela.
No
es fácil realizar una buena obra coral, pues se necesita mantener
durante la narración, y de forma sostenida, diferentes variables o
tramas abiertas en torno a un mismo tronco argumental, variables que
por sí solas se podrían convertir, y sin muchos problemas, en
novelas independientes. Y esa dificultad radica sobre todo, en que
esas substramas, en ningún momento pueden ocultar o eclipsar el
objetivo último de la narración, cosa que sin aparente dificultad
Jorge Amado consigue, pues ni Gabriela, con su olor a clavo y con su
exuberancia, consigue apartar al lector de la tesis central de la
obra. “Gabriela, clavo y canela”, en contra de lo que imaginaba
es una novela eminentemente política, lo que es lógico si se tiene
en cuenta la extrema politización de su autor, que llegó a ser
diputado por el Partido Comunista en el Parlamento Federal brasileño,
que trata el tema, como apunté con anterioridad, de la modificación,
de la adecuación a los nuevos tiempos del régimen capitalista
brasileño, sin que las transformaciones que se llevaron a cabo,
tocaran en ningún momento las estructuras eminentemente criminales,
depredatorias e injustas sobre las que asentaba.
Sí,
es una obra política, pero sobre todo es una novela total, de esas
que consiguen embaucar y secuestrar al lector con sortilegios de todo
tipo, pues a pesar de su temática, la narración en ningún momento
llega a ser explícita, lo que se explica por el hecho, de que el
interés que mantiene el autor por la política en ningún momento
logra eclipsar la pasión que sentía por las temáticas naturalistas
y por la vida que explotaba en los ambientes humildes de Brasil y más
concretamente en Bahía. De ese coctel nace “Gabriela, clavo y
canela”, en donde la vida, sin abatirla, se sobrepone a la
política, consiguiendo que ésta ocupe su lugar natural, el de estar
al servicio de la vida.
Pero
a pesar de todo, la historia de amor entre Gabriela y Nacib tiene un
lugar central en la narración, pues mientras que el árabe Nacib
pertenecía a la clase emergente de los comerciantes, ella surgió
del pueblo, de la tierra, sin comprender nada de convenciones
sociales, ya que era “una flor verdadera entre un montón de flores
de papel”, que se dejaba llevar por los instintos pero sin olvidar
nunca la diferencia existente entre la fidelidad y la lealtad.
Como
ocurre en este tipo de novelas, la trama se desarrolla en una ciudad,
Ilhéus, por aquel entonces pequeña, en donde todo el mundo se
conocía y sabía el lugar que ocupaba, en donde todas las rencillas,
las bondades y los vicios de cada cual eran conocidas por todos, y en
la que cualquier suceso, por insignificante que fuera, quedaba
registrado con prontitud, gracias al boca a boca, en las cabezas de
cada uno de sus habitantes, lo que hace posible que el lector,
consiga hacerse cargo de la situación en poco tiempo.
“Gabriela,
clavo y canela” es una novela compensada y agradable que se lee con
facilidad, gracias al estilo realista del autor, y a cierta ironía
que impregna toda la obra, que si bien no la convierte en una gran
novela, por su construcción, se encuentra por encima de la media.
Jueves,
14 de febrero de 2013

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