miércoles, 6 de marzo de 2013

El barón rampante

-->
LECTURAS
(elo.272)

EL BARÓN RAMPANTE
Italo Calvino
Siruela, 1957

A pesar de su fama, no tenía ni idea de qué iba esta novela, sorprendiéndome la historia que se narra en ella, pero sobre todo la capacidad del autor, para desde una imagen, desarrollar una narración de tales características sin que el lector llegue a cansarse con ella, o para que la abandone por absurda antes de llegar a la página veinticinco. Más allá del significado de la alegoría que presenta, que posee una innegable actualidad, lo interesante de esta novela, es la capacidad del autor para mantener un tono tan elevado con un tema tan difícilmente sostenible en el tiempo, lo que consigue aportando deleite, pero sobre todo calidad literaria.
Un niño de doce años, para demostrar su enfado ante un tema que carece de importancia, se sube a un árbol diciendo que no volverá a poner los pies en la tierra, promesa que cumple, ya que murió a los sesenta y cinco años entre las ramas de un viejo nogal sin haber vuelto a pisar en todo ese tiempo el suelo. Sobre este argumento, que en principio hubiera tenido alguna viabilidad si se hubiera presentado como un relato, articula el autor una novela de doscientas cuarenta y tres páginas, sin que, y esto es lo importante, la narración pierda fuerza en ningún momento. La historia está narrada por el hermano pequeño del protagonista, que a pesar de lo extraño del suceso, la cuenta de forma natural sin caer en filigranas estilísticas ni estructurales.
A pesar, según dicen, de que Italo Calvino era heredero del neorrealismo italiano, esta novela sin duda es una alegoría que habla de la necesidad de la voluntad para conseguir los objetivos que alguien se marque a pesar de que todo se le presente en contra, lo que viene “al pelo” en unos momentos como los actuales, en donde lo que prima es lo contrario, dejar a un lado las ideas que se posean, los ideales, para dejarse arrastrar por otras y otros, que según se aconseja, y desde todos los ángulos, siempre resultarán más conveniente. Parece como si Cosimo, el protagonista de la novela, partiera de la base de que hacer lo “que se tiene que hacer” nunca podrá ser fácil, que la voluntad ante todo es esfuerzo y un constante enfrentamiento contra las costumbres y contra las modas imperantes, ya que nunca se podrá hacer lo que se desea, “si uno no es uno mismo con todas sus fuerzas”.
Dicen también que “El barón rampante” tiene mucho que ver con la actitud que mantuvo el autor ante la invasión que llevó a cabo la Unión Soviética sobre Hungría en 1956, actitud que le obligó a abandonar las filas del Partido Comunista, al mostrarse en contra del discurso oficial de éste ante el atropello cometido por el ejército soviético, lo que encajaría a la perfección con el planteamiento de la obra, en donde se propone que hay mantenerse firme ante los postulados que se poseen y en los que se creen, aunque ello suponga tener que abandonar los lugares en los que siempre se ha habitado. Pero más allá de esto, que aunque sea cierto es circunstancial, lo que sugiere el autor, es que hay que tener planteamientos férreos, y que estos siempre tienen que presentarse acompañados de una praxis coherente y adecuada a los mismos, ya que en caso contrario, poco valor podremos ofrecer.
Es posible que se pueda vivir mejor fuera de nosotros que teniéndonos que soportar constantemente, es posible, pues no cabe duda que llevar una vida coherente, sobre todo si la misma es compleja, entraña un esfuerzo que no siempre es posible sobrellevar, pero llega un momento que tampoco se puede vivir, o convivir, con las contradicciones que con el tiempo se han ido acumulando, por lo que es necesario buscar y reencontrar la orientación natural, la que se posee, y dejar todo lo ajeno, lo que no nos pertenece a un lado, aunque el único premio que se consiga con ello sea poder dormir tranquilo cada noche. Cosimo prefirió ser fiel a su promesa, aunque ello le impidió llevar una vida agradable y tener que abandonar entre otras cosas el amor de su vida, antes que tener que soportar una existencia que le obligara a romper con su promesa.
Pero como dije antes, además del tema, me ha llamado la tención lo bien escrita que está la novela, en la que se utiliza un estilo que se adapta a la perfección a la temática ideada, dándole a ésta todo el protagonismo, posibilitando, y este es el objetivo al que siempre hay que aspirar, que una historia de tales características pueda ser soportada de forma agradable por los lectores, pero sobre todo, dándole un valor literario a una trama que hubiera podido diluirse con facilidad durante su desarrollo. “El barón rampante” es una de esas novelas que a pesar de tener un fondo moralista evidente, gracias a la forma en que está trabajada puede ser leída con agrado sin que necesariamente se tenga que entrar en profundidades, como si tan sólo se tratara de un cuento fantástico. Y esto es una virtud de la misma.
Poco más tengo que decir, salvo quizás, que la novela me ha dejado tan buen sabor de boca, en unos tiempos en que difícilmente consigo leer obras interesantes, que estoy deseando hacerme con las otras dos novelas que componen la trilogía “Nuestros antepasados”, pues estoy convencido que con ellas podré conseguir, al menos, pasar unas horas agradables de lectura, lo que siempre es un aliciente.


Martes, 22 de enero de 2013


No hay comentarios: