LECTURAS
(elo.272)
EL
BARÓN RAMPANTE
Italo
Calvino
Siruela,
1957
A
pesar de su fama, no tenía ni idea de qué iba esta novela,
sorprendiéndome la historia que se narra en ella, pero sobre todo la
capacidad del autor, para desde una imagen, desarrollar una narración
de tales características sin que el lector llegue a cansarse con
ella, o para que la abandone por absurda antes de llegar a la página
veinticinco. Más allá del significado de la alegoría que presenta,
que posee una innegable actualidad, lo interesante de esta novela, es
la capacidad del autor para mantener un tono tan elevado con un tema
tan difícilmente sostenible en el tiempo, lo que consigue aportando
deleite, pero sobre todo calidad literaria.
Un
niño de doce años, para demostrar su enfado ante un tema que carece
de importancia, se sube a un árbol diciendo que no volverá a poner
los pies en la tierra, promesa que cumple, ya que murió a los
sesenta y cinco años entre las ramas de un viejo nogal sin haber
vuelto a pisar en todo ese tiempo el suelo. Sobre este argumento, que
en principio hubiera tenido alguna viabilidad si se hubiera
presentado como un relato, articula el autor una novela de doscientas
cuarenta y tres páginas, sin que, y esto es lo importante, la
narración pierda fuerza en ningún momento. La historia está
narrada por el hermano pequeño del protagonista, que a pesar de lo
extraño del suceso, la cuenta de forma natural sin caer en
filigranas estilísticas ni estructurales.
A
pesar, según dicen, de que Italo Calvino era heredero del
neorrealismo italiano, esta novela sin duda es una alegoría que
habla de la necesidad de la voluntad para conseguir los objetivos que
alguien se marque a pesar de que todo se le presente en contra, lo
que viene “al pelo” en unos momentos como los actuales, en donde
lo que prima es lo contrario, dejar a un lado las ideas que se
posean, los ideales, para dejarse arrastrar por otras y otros, que
según se aconseja, y desde todos los ángulos, siempre resultarán
más conveniente. Parece como si Cosimo, el protagonista de la
novela, partiera de la base de que hacer lo “que se tiene que
hacer” nunca podrá ser fácil, que la voluntad ante todo es
esfuerzo y un constante enfrentamiento contra las costumbres y contra
las modas imperantes, ya que nunca se podrá hacer lo que se desea,
“si uno no es uno mismo con todas sus fuerzas”.
Dicen
también que “El barón rampante” tiene mucho que ver con la
actitud que mantuvo el autor ante la invasión que llevó a cabo la
Unión Soviética sobre Hungría en 1956, actitud que le obligó a
abandonar las filas del Partido Comunista, al mostrarse en contra del
discurso oficial de éste ante el atropello cometido por el ejército
soviético, lo que encajaría a la perfección con el planteamiento
de la obra, en donde se propone que hay mantenerse firme ante los
postulados que se poseen y en los que se creen, aunque ello suponga
tener que abandonar los lugares en los que siempre se ha habitado.
Pero más allá de esto, que aunque sea cierto es circunstancial, lo
que sugiere el autor, es que hay que tener planteamientos férreos, y
que estos siempre tienen que presentarse acompañados de una praxis
coherente y adecuada a los mismos, ya que en caso contrario, poco
valor podremos ofrecer.
Es
posible que se pueda vivir mejor fuera de nosotros que teniéndonos
que soportar constantemente, es posible, pues no cabe duda que llevar
una vida coherente, sobre todo si la misma es compleja, entraña un
esfuerzo que no siempre es posible sobrellevar, pero llega un momento
que tampoco se puede vivir, o convivir, con las contradicciones que
con el tiempo se han ido acumulando, por lo que es necesario buscar y
reencontrar la orientación natural, la que se posee, y dejar todo lo
ajeno, lo que no nos pertenece a un lado, aunque el único premio que
se consiga con ello sea poder dormir tranquilo cada noche. Cosimo
prefirió ser fiel a su promesa, aunque ello le impidió llevar una
vida agradable y tener que abandonar entre otras cosas el amor de su
vida, antes que tener que soportar una existencia que le obligara a
romper con su promesa.
Pero
como dije antes, además del tema, me ha llamado la tención lo bien
escrita que está la novela, en la que se utiliza un estilo que se
adapta a la perfección a la temática ideada, dándole a ésta todo
el protagonismo, posibilitando, y este es el objetivo al que siempre
hay que aspirar, que una historia de tales características pueda ser
soportada de forma agradable por los lectores, pero sobre todo,
dándole un valor literario a una trama que hubiera podido diluirse
con facilidad durante su desarrollo. “El barón rampante” es una
de esas novelas que a pesar de tener un fondo moralista evidente,
gracias a la forma en que está trabajada puede ser leída con
agrado sin que necesariamente se tenga que entrar en profundidades,
como si tan sólo se tratara de un cuento fantástico. Y esto es una
virtud de la misma.
Poco
más tengo que decir, salvo quizás, que la novela me ha dejado tan
buen sabor de boca, en unos tiempos en que difícilmente consigo leer
obras interesantes, que estoy deseando hacerme con las otras dos
novelas que componen la trilogía “Nuestros antepasados”, pues
estoy convencido que con ellas podré conseguir, al menos, pasar unas
horas agradables de lectura, lo que siempre es un aliciente.
Martes,
22 de enero de 2013

No hay comentarios:
Publicar un comentario