
LECTURAS
(elo.238)
ORGULO Y PREJUICIO
Jane Austen
Alianza Editorial, 1813
Aunque como todos he bebido de ella, a estas alturas no soy un especial enamorado de la literatura popular, pese a lo cual, de vez en cuando se me critica que me acerco demasiado a sus costas, lo que en lugar de molestarme me enorgullece, ya que estimo, que en ese tipo de literatura, cuando de verdad posee calidad, se puede encontrar la gran novela de todos los tiempos, y para precisar más, la esencia de lo que siempre ha sido la novela. No me siento en estos momentos especialmente atraído por esta literatura, es cierto, porque creo que tiene un espacio, un periodo de vigencia en la vida de cada lector, que éste, por necesidad, con el tiempo se ve en la obligación de de abandonar para buscar otro tipo de lecturas. No es lógico que nadie, sobre todo si se trata de un lector habitual, se quede anclado definitivamente en estas novelas, ya que entonces se transgrediría la función de las mismas, que no es otra, que la de crear buenos lectores, lectores que con el tiempo, paradójicamente, no tendrán más remedio que dejar atrás las obras que le enseñaron el amor por la lectura. Ciertamente hay muchos que se quedan, pero sólo los lectores no habituales, los esporádicos, aquellos que sólo aspiran entretenerse con lo que leen, lo que a pesar de ser legítimo nunca ha sido la aspiración última de la novela, al menos de la novela de calidad. Estoy desde hace tiempo convencido que la función de la literatura popular no es otra que esa, la de crear buenos lectores, lectores que con el tiempo la abandonen en busca de otras formas más avanzadas de entender la literatura, lo que obliga a muchos de éstos, sobre todo al principio, a aborrecerla y a reírse de su ingenuidad, lo que siempre, en todo caso, es una injusticia. Pero como dije antes, en esa literatura tan desprestigiada, se encuentra la mejor literatura, y se quiera o no, al igual que todos los lectores hemos mamado de ella, incluso aquellos que la critican con mayor ahínco, toda la buena literatura actual, incluso la más vanguardista, tiene sus orígenes en la misma, por lo que estimo, que de vez en cuando, sobre todo cuando uno se encuentra saturado con lo que hoy se escribe y se publica, es conveniente volver a ella para recuperar el norte, por reencontrar la línea matriz de lo que debe y tiene que ser la novela.
Últimamente, por una serie de circunstancias que no puedo enumerar aquí, me estoy zambullendo en la literatura popular británica del siglo XIX, que no leí en su momento, posiblemente por prejuicios, que desconocía casi por completo, lo que me está provocando un enorme placer, pues entre otras cuestiones estoy observando, mientras leo y leo, sin que sienta la necesidad de abandonar la lectura como tanto me está ocurriendo en los últimos tiempos, que todo lo esencial en literatura está inventado, y que, de tanto correr hacia delante, a muchos de nuestros escritores de éxito se le ha olvidado lo esencial, de ahí el escaso recorrido que tienen sus obras, pero sobre todo, la rapidez en que esas obras suelen caer en el olvido. En esta ocasión, he leído “Orgullo y prejuicio”, y he comprendido el motivo, de que a pesar de los años, y de la cantidad de las historias acumuladas, muchos que la leyeron hace demasiado tiempo, aún guardan en su memoria el tema de la misma, e incluso los nombres de algunos de sus protagonistas, y eso a pesar de que la historia que se desarrolla en la novela no es nada del otro mundo.
Sí, porque a pesar de la importancia o la trascendencia que puedan tener las historias que se narran, éstas no son lo más importante, ya que para la literatura, lo que realmente cuenta es cómo se narren dichas historias, la forma en que el novelista afronta lo que desea contar. No basta con tener en la cabeza el mejor de los relatos posibles, si después, a la hora de la verdad, no se sabe plasmar esa historia de la forma adecuada sobre un papel. Ya, como se sabe, se han contado todas las historias, de suerte, que todos estamos saturados, cansados de que constantemente se nos quieran contar, como si fueran inéditas, nuevas y en principio novedosas historias, por lo que, sobre todo en literatura, se debe aspirar a algo más, sencillamente a que lo que se nos cuente, además de ser mínimamente interesante, tengan otros alicientes que faciliten no sólo la digestión, sino también, y esto es esencial, la degustación de las mismas. “Orgullo y prejuicio” es una novela de amor, en donde una mujer, después de múltiples dificultades, y con todo en contra, al final consigue que el hombre al que ama se comprometa con ella, en fin, una historia de otros tiempos, de esas que cada lector puede tener la convicción de haber escuchado, visto e incluso oído en infinidad de ocasiones, pero da la casualidad que en esta ocasión, y por esto ha perdurado esta obra en el tiempo, existen una serie de elementos adicionales, a pesar de lo primitiva que en principio puede resultar la narración, que consiguen singularizarla y hacerse con un hueco, sin demasiados aspavientos, en la memoria del lector.
Cuando no hace mucho comenté “Sentido y sensibilidad”, dije que narrativamente hablando, me había parecido una obra bastante primitiva, en donde lo único que me interesó, aparte de que se podía leer sin ningún tipo de dificultad, lo que no es poco, era la descripción del estilo de vida de la burguesía agraria británica de la época. De todas formas me pareció una obra aceptable, sobre todo si se tenía en cuenta que se trataba de la primera obra de la autora. Ahora en “Orgullo y prejuicio” me he encontrado con otra Austen, mucho más madura literariamente, abordando un tema mucho más complejo y polifónico, el clasismo existente dentro de una misma clase social, superando sin dificultad el maniqueísmo de su primera obra y profundizando en la misma temática, en la descripción de los usos y costumbres de la clase social a la que la propia autora pertenecía. Además se puede decir, como ocurre a veces en la temática de algunos autores, que Austen vuelve a escribir la misma novela, aunque en esta ocasión aparece ya dotada de nuevos y más potentes instrumentos narrativos que en la primera de sus obras, lo que hace que “Orgullo y prejuicio” no sólo sea mejor que la anterior, sino que sin duda alguna es una buena novela, de esas que pueden justificar por sí sola, la carrera literaria de un determinado autor.
Uno de esos instrumentos narrativos que me ha sorprendido encontrar en Austen, y que no logré atisbar en su primera novela, es la fina ironía que utiliza, sobre todo personalizada en el padre de la protagonista, desde mi punto de vista el personaje mejor dibujado, cuya visión de lo que acaecía a su alrededor, en el absurdo de la forma de vida que le rodeaba, sobre todo en lo referente al rol que desempeñaban las mujeres, que a falta de otros quehaceres más estimulantes, sólo se dedicaban, si tenían edad a buscarse novio, y si no, a buscarles un buen partido a sus hijas o a cotillear sin descanso con los vecinos. Al final, como era de imaginar, todo cuadra a la perfección de una forma bastante previsible, y todo el mundo consigue lo que quería, aunque durante el desarrollo de la historia, la autora se encarga de desnudar, de forma muy crítica, a la sociedad en la que vivía.
En esta novela he comprendido que Austen fue una novelista más importante de lo que pensaba, por lo que trataré de seguir leyéndola, a lo que me ayudará, sin duda, la atonía y la anemia que padece la novela de nuestros días.
Martes, 31 de enero de 2012
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