LECTURASLOS SANTOS INOCENTES
Miguel Delibes
Planeta, 1.982
Me resistía a leer esta novela, porque exceptuando “Cinco horas con Mario”, nada de lo que había leído de Delibes me había gustado, y también, porque la película que realizó Mario Camus, en su momento me había impresionado tanto, que estaba convencido que su lectura me iba a defraudar. El otro día, alguien me comentó que la estructura de la novela era arriesgada, innovadora, pero no le hice caso, pues a la mente me vino “El hereje”, y le comenté que no me lo creía, que eso era imposible en Delibes. Pero por casualidad, mientras buscaba otro libro, me encontré con la novela en cuestión, de suerte que, comencé como quien no quiere la cosa a leerla, y sin darme cuenta, en dos sentadas la terminé. Quedé sorprendido, pues me había encontrado con una de esas obras que engrandecen la literatura, haciendo que la figura de su autor, al que nunca había tenido en mucha estima, sin duda por desconocimiento, se me apareciera de golpe agigantada, lo que me va a obligar a visitarlo con asiduidad.
Como ya sabía, “Los santos inocentes”, trata del despotismo que los propietarios agrarios, sobre todo en Andalucía y Extremadura, ejercen sobre el personal que trabaja a su servicio en las grandes fincas, a los que tratan, a pesar de ser elementos necesarios para el mantenimiento de las mismas, como a personas a las que, poco más o menos, se les hace el favor de que vivan allí. El argumento, como decía, lo sabía por la magnífica película que sobre ella se realizó, que creía, sobre todo por la soberbia interpretación de sus actores, que sin duda sería muy superior a la novela, que en término coloquial, imaginaba garbancera, es decir, de una aridez insoportable y de una linealidad insufrible. Pero no, nada más lejos de la realidad, pues Delibes, apuesta fuerte por una estructura nada habitual, en donde en seis capítulos, despacha con una solvencia innegable, una historia, que bien hubiera podido ocupar, contada de otra forma, seiscientas páginas. Cuando comencé la lectura me quedé sorprendido, ya que Delibes se salta las normas gramaticales y narrativas habituales, no utilizando por ejemplo los puntos, sólo las comas, que en muchas ocasiones ejercen como puntos y aparte, que cuando funcionan de tal forma, abren paso al diálogo entre los diferentes personajes, lo que indudablemente favorece la fluidez de la narración. Para colmo, lo que me ha llamado mucho la atención, es el hecho de que al ser la narración breve y de lectura rápida, el autor se ha visto obligado, a no profundizar mucho en los caracteres de los diferentes personajes, teniendo que esforzarse de que sólo se dediquen a actuar, como en las buenas películas, dejando para los lectores, una posterior teorización sobre los mismos. Este hecho es fundamental en la novela, ya que lo explícito en ella, sencillamente no existe, a pesar, de que realiza una profunda crítica social. Sí, los protagonistas no piensan, no realizan monólogos interiores, sólo se dedican a ejercer su papel, siendo su comportamiento y sus actos, los que en todo momento los definen. Esto que debería ser lo habitual, no es lo normal ni en la novela clásica ni en la moderna, pues en ocasiones es el narrador, y en otras los personajes, los que se van identificando más por sus pensamientos que por sus actos. Unos personajes bien trazados, bien desarrollados, no necesitan justificar sus comportamientos, sólo hacer lo que tienen que hacer en cada momento, siendo el lector, que no siempre tiene que ser menor de edad, el que vaya cuadrando la trama que ante sí se presenta. Creo que Delibes acierta plenamente, tanto en la estructura como en el enfoque empleado, pues si hubiera empleado otra u otro, con toda seguridad, el resultado hubiera sido completamente diferente. Otra de las cosas que me han sorprendido de la lectura, es que a pesar de que sabía lo que iba a ocurrir en la novela, no me he aburrido con ella en ningún momento, lo que demuestra que en literatura, la importancia de la historia se relativiza, a favor de la forma en que es contada dicha historia. Precisamente en este hecho, es donde se diferencia la novela popular o de entretenimiento, de la novela de calidad, en que en ésta no es fundamental el peso del argumento, mientras que para la otra, la historia que cuenta lo es todo, ya que sin ella, todo carece de sentido. La novela de calidad también necesita de una historia, pero puede permitirse el lujo, de que sea débil o insignificante, pues sabe que no se apoya exclusivamente en ella, sino sobre todo en la palabra escrita y en el lenguaje empleado, siendo por tanto más autónoma e independiente de una historia que puede o no funcionar.
“Los santos inocentes” es una buena novela que he leído por casualidad, y que me pone sobre la pista de un autor que tenía olvidado, pero que me ha demostrado, a pesar de que lo tenía desechado, de que posee no sólo una gran profesionalidad, cosa de la que nunca había dudado, sino también, de una visión muy interesante de lo que debe ser una novela de calidad.
Jueves, 12 de febrero de 2.009
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